Carta abierta a un amigo.
Imagina que estás en mitad del océano, tras un naufragio, agarrado a una tabla. En algunos momentos la corriente te arrastra hacia adelante, otras veces hacia atrás. En otras ocasiones reina una calma chicha. En el cielo una enorme y pálida luna llena te observa, lejana. Tú impotente, extasiado ante tanta hermosura a la par que confuso porque nada se mueve, no tienes hacia dónde ir y sólo te queda contemplar ese maravilloso espectáculo, tan cercano, tan lejano. La noche es a veces tan oscura, tan terrible y en otras ocasiones tan llena de magia...
Y en ese viaje, roto por las tempestades, vas encontrando otros náufragos. Algunos de ellos tan perdidos como tú. Otros agarrados a fuertes tablas, se han construido su propia balsa, con remos , velas... navegan firmes hacia la orilla. Ellos te enseñan cómo, si no llegar a puerto seguro sí al menos hacer tu viaje más seguro. También te tropiezas con aquellos que están más desvalidos aún que tú, casi ni se sostienen, bracean... puedes ofrecerles ayuda, habrá quienes la admitan de buen grado, compartan contigo su experiencia, y durante un tiempo, juntos aprenderéis a navegar con menos angustia y desamparo. Otros simplemente la tomarán y seguirán su camino, y habrá quienes simplemente la rechacen.
Nosotros debemos elegir en cada momento qué tipo de navegante ser en este naufragio que es la vida. Soltar lastre siempre nos llevará hacia adelante, aceptar lo que nos encontramos, aprovecharnos de las experiencias para hacer del viaje un viaje más seguro es lo más inteligente. No podemos obligar a nadie a navegar con nosotros, ni a aceptar nuestra ayuda por muy seguros que nos creamos de tener las cartas de navegación precisas. Te frustrarás tú, se frustrarán ellos.
En algún punto uno debe decidir disfrutar de la calma chicha, que no por obligada, debe ser angustiosa, pero también en algún momento debe plantearse si seguir hacia un puerto, o al menos bracear hacia algún lado, el que sea, pero nadar.
No podemos erigirnos en salvadores de nadie, porque pueden o bien no necesitar ser salvados o no querer serlo. No somos responsables de nadie, sólo de nuestros hijos, y aún en algún momento habrá que dejarles navegar solos.
Piensa en este momento como un punto de inflexión para nadar hacia algún lado o para seguir braceando. Piensa en ello como algo positivo, por muy duro que se te haga, es necesario para ti primero.
Lo más inteligente para el alma es dejar atrás el pasado y vivir el presente confiando en el futuro. Hay que ser inteligentes.