
Entre las muchas "chapas" metafísicas con las que golpeo la conciencia de mis alumnos y alumnas está la de la moral como una de las características principales que nos diferencian del resto de los animales: "los seres humanos sabemos qué está bien y qué está mal, esto es la moral, mientras que los animales se mueven por instintos". Les invito entonces a ser responsables y maduros y a pensar y repensar las palabras y actos que adornan nuestro quehacer diario.
Es una tarea ardua la de hacer reflexionar a bombas hormonadas andantes, especialmente si a menudo te topas contra el muro de las circunstancias familiares y sociales, sin embargo ésta es mi tarea: sembrar y esperar a que el día de mañana den fruto algunas de aquellas tediosas charlas escolares.
Curiosamente la susodicha chapa podría aplicársenos a la mayoría de los adultos. Reconozco que aprendí el poder de los hechos y las palabras sobre la vida de uno y la de los demás no hace muchos años y más mal que bien. Un simple acto cotidiano, como no llevar la velocidad adecuada al volante, te cambia la vida y sobre todo puede dar un vuelco dramático a la de los demás. No cuidamos en absoluto nuestros actos y palabras y no somos en absoluto conscientes del poder de sus consecuencias. La mayor parte de la vida nos movemos de manera alegremente insconsciente, como elefantes en una cacharrería.
Entre estos derroteros correteaba mi pensamiento esta mañana, mientras escuchaba a Cohen y contemplaba el paisaje madrugador que me lleva a mi trabajo cuando me golpeó el concepto de la voluntad con toda su poderosa verdad. Cada día trato de ser el mayor tiempo posible consciente de las consecuencias que puedan tener mis palabras, mis actos y hasta mis omisiones. El férreo control en ciertos momentos me lleva incluso a manejar de la mejor manera que puedo hasta sentimientos y emociones que entiendo el inicio de ciertos actos y palabras que merecen la pena no dejar nacer. Y en toda esta maraña de control, consciencia y reflexión trato de no perder espontaneidad ni frescura, lo que exige ya un trabajo mental de tal intensidad que, como dirían mis niños, flipas.
Y en todo esto... qué pinta la voluntad??? pues pinta que se necesita mucha voluntad para escudriñarse de manera sistemática y frecuente; se necesita mucha voluntad para reprimir palabras y actos, que a la postre sabemos dañinos, y se necesita puñados de voluntad para controlar pensamientos, sentimientos y emociones que nos consta, son perniciosos. Se trata de un ejercicio máximo de coherencia. Y en este punto, en el que la voluntad se nos dibuja casi una suerte de constricción y secuestro de nosotros mismos, a mí se me antoja más bien un timón de libertad, la libertad de elegir hacer o no lo correcto sobre la base de nuestra propia moral (que no moralidad). Es la voluntad entre otras la que me permite tomar ayer, hoy y mañana, las riendas de mi vida y, por tanto, de mi felicidad.
Ahora, esa sentencia que en broma forjé con un buen amigo para ser nuestro lema, Sursum et peragemus, hacia arriba y hacia adelante, pasa a ser Sursum et peragemus per voluntati, hacia arriba y hacia adelante por voluntad.
Simplemente.....me encanta!!!!!
ResponderEliminarGracias querida mía!!!! Besos!!!
ResponderEliminar